28 de enero de 2008

Los fatídicos siete meses


Llevamos un mes de enero que no se lo deseo ni a mi peor enemigo (sí, estoy siendo un poco exagerada) Desde que Pablo agarrara el resfriado, el pobre no ha levantado cabeza. Yo creo que lleva un mes de mal humo, apenas sonríe y por nada lloriquea. Entre todos hacemos lo que podemos, pero a veces nos sobrepasa, yo me siento agotada y siempre con ganas de echar una cabezadita. Las noches nunca han sido buenas pero en este mes las hemos tenido de película de horror. A veces se despierta chillando y llorando como si alguien le hubiese clavado alfileres en el trasero, nos cuesta un mundo calmarlo y que se vuelva a dormir. Anoche no dormí más de una hora seguida y esta mañana se sentía como encerrada en una sólida bruma invernal. He llegado a la conclusion de que duerme peor cuando está conmigo, es ahí cuando más llora. En ocasiones resulta que se ha despertado sin nadie en la habitación y no ha llorado.

Yo le presto toda mi atención y cariño pero reconozco que me he enfadado a las 4 de la mañana tras múltiples despertares. A la mañana siguiente no me reconozco.

¿Será un mes importante en su desarrollo? La verdad es que ahora ha ganado mucha más movilidad, rueda sobre sí mismo con total libertad, quiere gatear, hace intentos por ponerseen pie, ha estado enfermo, le han salido dos dientes, creo que ya empieza a ser

consciente de que puede separarse físicamente de su mamá... Pues eso, los fatídicos siete meses.

18 de enero de 2008

Canción de cuna


Ea vida, ea mi amor.

Eres chiquitito, eso lo sé yo.

Ea mi niño, ea mi sol.

Eres lo más tierno, ea, ea, eao.

Eres la rosa más tierna del jardín.

Ea mi niño, ea mi sol.

Mi vida entera te la dedico.
Ea mi luna, ea mi ruiseñor.

Mami, te quiere, mami te adora.

Eres mi niño, eres mi amor.

Te quiero, te quiero, te quiero solo a tí.

Con tu carita de manzanita, ea mi vida, ea mi sol.

Duérmete niño, duerme mi amor.

Mami estará junto a tu corazón.

Duerme mi vida, duerme mi rey.

Que muy pronto contigo yo estaré.

Ea, ea, ea, eao, ea mi vida, ea mi amor.

14 de enero de 2008

El triángulo de las Bermudas



Cuando nace un hijo también nacen una serie de relaciones, la madre respecto al bebé, la madre respecto al papá, el papá respecto al bebé. No siempre es fácil encajar todos esos cambios, a unas personas nos cuesta más que otras. A veces, simplemente basta con que el tiempo pase para que cada uno encuentro su sitio y esté cómodo con su nuevo papel. La madre lo tiene más fácil, creo yo, ella sabe que su papel es estar junto al bebé, darle calor, contacto, intentar recrear el estado de bienestar que tenía dentro de la barriga. Si le da el pecho, siempre será la primera opción a la hora de intentar calmar al bebé. Pero, ¿qué pasa cuando es padre se siente desplazado, cuando siente que no tiene nada que ofrecer a esa pequeña personita? Tiene que ser duro, requiere un grado de madurez que no todos poseen. Creen que la teta tiene capitalizada a su mujer y a su hijo y piensa "vamos a probar otra cosa, no puede tener hambre, acaba de mamar" No sé cómo se podría solucionar esto para que la mujer no se sintiera culpable cada vez que quiere ofrcer su pecho al bebé, porque es eso, muchas veces nos sentimos obligadas a dar explicaciones, a justificarnos, nos avergonzamos cada vez que sacamos un pecho a pasear. Hemos perdido toda la seguridad en nosotras mismas y en nuestras capacidades. No deberíamos tener que dar explicaciones pero la crianza también es cosa de dos. ¡Qué duro, qué arduo cuando los papás no comparten criterios a la hora de criar los hijos! Uno no quiere que su hijo llore, el otro no ve que sea un problema. Quizás se podría llegar a un consenso entre ambos, los adultos tenemos capacidad de diálogo o ¿no? Lo que sea para que el bebé no sufra. También se le puede pedir que recabe información, que lea, que investigue, que se forme una opinión teniendo todos los datos en la manos. El hecho de que todo el mundo haga lo mismo no significa que estén haciendo lo correcto. Se deja a los niños llorar, no se les acuna, no se les cuida por una cuestión de puro egoísmo, atender a un llanto, dormir al bebé significa ceder parte de nuestro tiempo que no siempre estamos dispuestos a dar. Hay tantos métodos para hacer dormir, comer, etc a los niños simplemente para hacer más fácil la vida a los padres, pero, ¿qué ocurre con los pequeños? A nosotros, como adultos, no nos gusta que ignoren nuestros sentimientos, que nos dejen de lado, entonces, ¿por qué un niño debería ser menos? Ellos precisamente son los que más necesitan nuestro amor, comprensión y sobre todo respeto.
Ninguna madre debería sentirse presionada por amar a sus hijos.

11 de enero de 2008

Sueño




¿Hay algo más bonito que ver a un bebé durmiendo y, sobre todo, si es tu propio hijo? Pues para algunas personas si debe haberlo puesto que se empeñan en destrozar algo tan dulce, tan inocente. Se empeñan en hacer sufrir a sus propios hijos imponiéndoles unas rutinas absurdas, un dolor innecesario. Hay que enseñar a los niños a dormir, proclaman muy ufanos y muy llenos de razón unos cuantos majaderos supuestos "expertos en problemas de sueño infantil". No creo que haya nada que enseñarles, ellos, nuestros bebés, poseen el saber infinito.
Estamos en la era del individualismo y en lo referente a la puericultura, creemos que debemos imponer nuestros deseos al de los bebés; está primero la comodidad de los padres antes que la de los pequeños. Llamamos a sus necesidades caprichos y berrinches de niño consentido, pero, ¿cómo llamamos a nuestra propia cabezonería? Hay algunos que insisten en llamarla sentido común, buena crianza, buenos modos. En fin, una larga lista que me da dolor de cabeza. ¿Por qué no dejamos a los niños ser niños, a no sufrir, a no llorar? Pienso que es por propio egoísmo, así nosotros vivimos más tranquilos, con la conciencia limpia porque seguimos a rajatabla los mandatos del señor X. Cuánto dolor, cuanto stress les producimos sin darnos cuenta. ¿No es ya la vida lo suficientemente dura como para hacerla más y tan temprano a una criaturita? ¿Qué pretendemos enseñarles?
Dejemos a los bebés crecer en paz, yo solo aspiro a que Pablo sea feliz, que sepa disfrutar, respetar y valorar la vida. Me da igual si se toma su puré de 250 verduras, cereales enriquecidos o si sigue usando pañales con cuatro años. Quiero respetarlo y soy de la opinión de que son ellos los que tienen montones de cosas que enseñarnos, tenemos tanto que aprender de estos chiquititos pero seguimos montados en el trono, empecinados en creer que como son niños no saben nada de nada y son como tontitos. ¡Cuánto nos equivocamos!
Hace unos días estuvieron unos amigos en casa con su hijo de 15 meses, cuando se fueron yo solo tenía ganas de llorar por ese pobre niño. Creo que escuché la palabra "no" como 1560 veces, acompañada de un todo severo y una sacudida del brazo del nene por parte de sus progenitores. Su papá se empeñó en darle la merienda aún cuando el crío suplicaba por su madre, pero claro, según papá era un capricho que no pensaba tolerar, ya le iba a enseñar el a su hijo, no le iba a tomar más el pelo. Su mamá estaba muy contenta porque estaba logrando que el niño se durmiera solo sin necesidad de acariciarle la espalda (uff, claro, esa práctica es tan peligrosa que solo genera futuros criminales en serie) y solo acudía a atenderlo cuando lloraba mucho. Ahora su próxima meta es que deje los pañales para el veranos y que empiece a comer sus purés con tropezones. ¡Qué prisa, qué agobio! Por favor, que no vuelvan más, no soporto ver al niño sufrir.
Otra cosa, si yo no digo nada de su forma de criar su hijo, ¿por qué este tipo de gente se permite el lujo de criticarla a una? Que si el niño con siete meses y aún no toma nada más que pecho, si solo se duerme en brazos, si duerme en la cama con los papás y saben de casos que los niños no quieren dormir salir de ella en años (¿he dicho yo que lo quiera echar de mi lado?) Me parecen unos padres totalmente fascistas y para remate creen que los bebotes son animales sin domesticar, sin comentarios.

9 de enero de 2008

Con el nuevo año


Con el nuevo año también entran aires frescos, savia nueva para mis doloridos huesos y mi alma quebrada. Dejo atrás muchas inquietudes y zozobras y aunque me haya costado, creo que he entrado en total sintonía con mi bebé. Nadie como yo, aunque muchos se empeñen en pensar lo contrario, conoce a Pablo. Con solo una mirada me basta para saber qué pasa por su pequeña cabecita, sé cuándo está listo para caer entre mis brazos en el sueño más profundo, cuando lo he excitado demasiado, cuando quiere su teta... Mi amor, mi dulce amor, ahora duermes como un angelito sin voz, tu primer catarro te la ha robado y tengo que afinar mucho el oído si quiero escucharte, saber que has vuelto de ahí donde el sueño te lleva.
Con el año nuevo se afianza mi fuerza, mi voz se impone a poquito sobre los que se empeñan en usurparme mi papel como madre. Soy la madre, tengo mis responsabilidades, mis deberes y derechos y sobre todo mi propia idea de la crianza de mi hijo. Ser inocente, bendito cielo.
Con el nuevo año dejo atrás lentamente mis tristezas y si no las dejo al menos las tengo un poco más tapadas. Comprendo que atravieso una etapa fundamental, una crisis vital como lo nombra Gutman, por ello, por todo lo que sé, tengo ánimo y templanza para seguir adelante sin pedir nada a cambio. Mi vida, mi cielo, estrella de mis días.
Con el año nuevo mantengo ese cansancio infinito, ese deseo de dormir aunque sean tres horas seguidas. Un cansancio que se me cuela a veces en el alma y el corazón. Un cansancio que solo se cura con amor y más amor.
El nuevo año también nos ha traido un catarro para Pablo, me enfado y pienso "pecho y más pecho y se me pone malito" Quizás si no lo tomará estaría peor, con más mocos, con más tos y con menos corazón.

24 de diciembre de 2007

Otra vez es Navidad


El año anterior tuve el propósito de comenzar un blog relacionado con el embarazo de Pablo, pero, siendo sincera, me daba mucha pereza devanarme los sesos pensando en qué decir. Justo ahora, cuando menos tiempo tengo, es cuando me decido a compartir cosas, en especial mi vivencia de la maternidad, que es lo que ocupa mis días y, sobre todo, mis noches.
Aprovecho sus siestas para escribir, dormir (bendito sueño) o simplemente no hacer nada, desconectar.
Y sí, otra vez es Navidad, pero para mí, que todos mis días son tan iguales porque hay un bebé maravilloso que me marca las horas con una rotundidad apabullante, no significa nada. La compra de regalos ya está hecha, pero a la carrera, casi sin la ilusión de otros años, simplemente porque no he tenido esa posibilidad de dedicar tiempo callejeando, ojeando y husmeando hasta encontrar el regalo perfecto para esa persona especial. Con Pablo ha comenzado otra etapa en mi vida, mi existencia es una locura, un no saber cuándo vas a tener un momento para tí misma, y a la vez me encuentro pausada, como poseedora de una sabiduría infinita, conectada con mi bebé (me ha costado seis meses, pero lo he logrado)
Este año no habrá nada de trasnochar ni quedarse en el sofá charlando con la familia hasta el alba, al contrario, habrá sueño apresurado, estado de alerta, ligeros sollozos hasta que mi niño encuentra el pecho que le corresponde y calma su hambre o simplemente encuentra su lugar en el mundo, consolado por su mamá.
Este blog está dedicado a todas las madres a las que no les importa aparcar su "otra vida" y dedicar su VIDA a sus pequeños, sin prisas, sin remordimientos, sin culpas, sin reproches. También para el resto de mamás que aman a sus pequeños pero no puedo o simplemente no quieren pasar con ellos el tiempo que necesitan. Me considero una auténtica afortunada por llevar seis meses sin separame de mi hijo, por decisión propia y ajena, afortunada por no tener que salir a esa jungla salvaje para ganar un sustento, afortunada por disfrutar dándole de mamar sin preocupaciones y con la satisfacción de saber que él tiene todo lo que necesita por mi parte. Hay momento malos, no hay motivo para ocultarlo, pero ser madre es vivir y la vida también tiene su lado amargo.